Entendiendo las diferencias en el clímax heterosexual.

Mirá, para que te des una idea de que esto no es una sensación tuya, hay estudios que lo confirman con números que te dejan helada. Se hizo una encuesta gigante (a más de 50.000 personas) y los resultados son clarísimos: mientras que el 95% de los hombres heterosexuales llegan al orgasmo siempre, las mujeres solo lo hacemos el 65% de las veces.

Pero acá viene lo más interesante: las mujeres lesbianas llegan en un 86% de sus encuentros. ¿Qué nos dice esto? Que el problema no es nuestro cuerpo ni nuestra capacidad de sentir, sino cómo nos estamos relacionando y qué estamos haciendo (o dejando de hacer) en la cama con los hombres. Básicamente, las que peor la pasamos en la estadística somos las mujeres que estamos con varones.

Al final del día, hablar de esta brecha es mucho más que hablar de sexo. Es preguntarnos por qué el placer de ellos se da por hecho y el nuestro siempre queda para el final, o peor, por qué nos acostumbramos a que no esté.

Ojo, el placer no es solo el orgasmo y no hay que obsesionarse con la meta, pero si sistemáticamente te quedas con las ganas... y, ahí hay algo que tenemos que revisar, ¿no te parece?

 ¿Alguna vez se pusieron a pensar en cuántas veces el encuentro termina cuando él llega y nosotras nos quedamos con las ganas? Pasa muchísimo más de lo que nos animamos a decir.

Aunque ahora sabemos mucho más y nos animamos a explorar, todavía hay “mochilas” y tabúes que nos frenan el goce. Esa diferencia donde ellos siempre llegan y nosotras dependemos de la suerte (o de mucho esfuerzo) es lo que se llama brecha orgásmica. No es que nos pase algo malo, es que todavía nos falta un empujoncito para que el placer sea realmente para los dos por igual.

 

¿Por qué nos pasa esto? Hay un par de razones:

·         Pensar que el sexo es "solo penetración": Todavía tenemos el chip de que si no hay penetración, no hubo sexo. El tema es que esa técnica a ellos les suele alcanzar para llegar, pero a nosotras nos deja con gusto a poco.

·         Nos olvidamos del clítoris: Es el rey del placer femenino, pero como estamos tan pendientes de la penetración, a veces queda en un segundo plano. La verdad es que si no hay estímulo ahí, la cosa se pone cuesta arriba. ¡Y ojo, que una cosa no quita la otra! Se pueden hacer las dos al mismo tiempo.

·         No conocemos nuestro propio cuerpo: lo que  nos enseñaron del sexo es solo para "cuidarse" de un embarazo o una enfermedad, nunca nos dieron permiso para explorarnos. Y la verdad es que si vos no sabés qué te gusta, es muy difícil pedirle al otro que lo adivine. ¡Nadie es adivino!

·         El miedo a hablar: A veces por timidez o por no querer "herir el orgullo" del otro, nos callamos lo que necesitamos en el momento. Decir qué te gusta no debería ser un drama, ¡debería ser parte del juego!

·         El "final" lo marca él: Parece que cuando él llega, se apagan las luces y se termina la función. Como si el fin de la erección fuera el silbato final del partido. ¡Nada que ver! El juego puede seguir de mil maneras si hay ganas.

·          Falta de interés: En muchos casos por parte de ellos hacia nosotras y nuestro placer

 

 

Entonces... ¿Cómo hacemos para acortar esta distancia?

Si ya sabemos por qué pasa, la solución es bastante clara, pero hay que ponerla en práctica. No es física cuántica, es más bien animarse a cambiar el juego:

  • Sacar a la penetración del centro del escenario: Hay que grabarse a fuego que la mayoría de nosotras no llegamos solo con eso. El sexo no es una línea recta que termina en un solo lugar; es más bien un mapa lleno de caminos distintos. ¡Denle más bola al clítoris y a otras formas de jugar!
  • Nuestro placer también es prioridad: No es un "extra" o algo que pasa de casualidad. Los encuentros se arman de a dos, charlando qué le gusta a cada uno y rompiendo con lo que "se supone" que hay que hacer.
  • Hablar no corta el clima, lo mejora: Decir qué te gusta y cómo lo querés no es un bajón, ¡es una guía de éxito! Ser honesta con lo que necesitas es la mejor herramienta para que los dos la pasen bomba.
  • El sexo es mucho más que "el antes" y la penetración: Olvidate de la palabra "preliminares" como si fueran solo el calentamiento. Todo es parte del sexo. Si disfrutás el camino sin obsesionarte con la meta, el orgasmo llega mucho más fácil.
  • Sacale presión al orgasmo: Parece loco, pero cuanto más te perseguís con "tengo que llegar", más se escapa. Relajate y disfrutá lo que está pasando en el momento.
  • Conocerte no es opcional, es clave: Tenés que saber qué te gusta a vos primero. Cuanto mejor conozcas tu cuerpo, más fácil va a ser decirle al otro por dónde ir.
  • Preguntate: "¿Esto me gusta o lo repito por costumbre?": Muchas veces en la cama hacemos cosas porque "es lo que se hace". Hay que animarse a cuestionar si lo que estamos haciendo realmente nos da placer o si solo estamos siguiendo un libreto viejo.

Un mensaje para todos: Acortar esta brecha no es solo tarea nuestra, es un trabajo en equipo. La igualdad en el placer real pasa por que los dos entiendan que esto es necesario. No se trata de aprender cosas raras, sino de desaprender esa idea vieja de que nuestro placer es opcional. ¡Ya fue eso!

 

Sofi